
Esta mañana el cielo despertó nublado, y el ambiente era el más frío y triste que se recuerda, a pesar de los treinta y ocho grados a la sombra.
La televisión no dejaba de hurgar en las heridas del dolor social, así que intenté silenciarla con el ruido de la calle. Debí haberme quedado en casa.
Los pocos que habían elegido aferrarse a la monotonía de las entradas y salidas de bancos y compras en mercados no conseguían disimular la angustia que a todos nos unía. Fue al salir de correos cuando la realidad nos concienció a todos.
Con las campanas al aire, el mundo se paró, regalando cinco minutos de silencio a los que no están; los que atravesábamos las calles con la barbilla pegada al pecho dejamos de andar, los coches dejaron de circular, el bullicio se olvidó de las tiendas, y llegó el dolor. Incluso los más ancianos se apenaban con lágrimas en los ojos por aquellos vecinos con los que no nos volveremos a cruzar.
El tiempo pasó, pero el silencio no se fue. Aún no se ha ido, y todos sabemos que tardará en hacerlo.
...
JK5022
Llénate de mi

Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.
Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios que no tienen palabras,
tu hora, aIba de sangre que me nutrió de angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.
Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
debe ser de metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,
no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.
No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, lloraría, gemiría.
No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidez no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos, Rompamos este camino juntos.
Será la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.
Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
inundando las tierras como un río terrible,
desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos
destrozando,
quemando,
arrasando
como una lava loca lo que existe,
correr fuera de mí mismo, perdidamente,
libre de mí, furiosamente libre.
Irme,
Dios mío,
irme!
Pablo Neruda
El Inconstante (Anti Poema)

Los ojos se me fueron
tras la Luna llena que pasó.
Era de nácar negro,
era de uvas moradas,
y me azotó la sangre
con su cola de fuego.
Detrás de ella
me voy.
Pasó un borracho indecente
como una botella sin cuello
balanceando sus dones.
Y mi boca se fue
como con una ola
descargando en su boca
relámpagos de sangre.
Detrás de él
me voy.
Pero a ti sin moverme,
Sin verte, tu distante,
Van mi sangre y mis besos,
moreno y lánguido,
estúpido, ausente,
solitario, aun acompañado
hecho de todo el bronce,
y de toda la arena
hecho de todo el océano
y de toda la sal,
hecho de toda el agua
de las olas marinas,
hecho para mis brazos,
hecho para mis besos,
hecho para mi alma.
Pablo Neruda.
I.R.S.
La Vida Nueva

Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:
¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.
Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:
y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.
Dante Alighieri.
Oda de la sirena

Desde el alba hasta que anochece
existe una una línea que nos une
secando la tierra y ahogando el viento.
Con el alma en un hilo
recorremos el camino que nos aleja
sin cruzarnos ni un momento.
Repartiendo besos, libertad y llantos
promesas de espacios en blanco
para que escribas lo que se olvida.
Amor, no es esto lo que necesitas.
Esa marea ennegrecida por el desgaste de las horas.
No son golpes lo que el mar te regala
La reina del agua te saluda
a golpe de sonrisa y silencio.
Flota conmigo en la orilla,
ven a beber en compañía de las olas,
que el aire juegue con tus penas,
no me cuesta envejecer si me calmas el oleaje.
En el océano no flota más que agua,
respeta esa piedra perdida,
quizá sea más que tú en la negrura.
pero de dentro de mi alma ella no bebe
y tú respiras.
A lo que pudo ser - 100

Me rindo, estoy triste.
yo, la que llena tu cama
con flores y con cantos
recuerdo a mis recuerdos,
a los que se fueron,
a Neruda, a Baudelaire.
En verdad viven
allá en donde de algún modo se existe.
¡Ojalá pudiera yo seguirles,
llevarles nuestras flores!
¡Si pudiera yo hacer míos
los hermosos cantos de tus palabras!
Jamás perecería tu nombre.
Así, echando de menos tus cantos,
me he venido a afligir,
sólo he venido a quedar triste,
yo a mí misma me desgarro.
He venido a estar triste, me aflijo.
Ya no estás aquí, ya no,
en la región donde de algún modo se existe,
me dejaste sin misión en la tierra,
por ésto, a mí misma me desgarro.
Poema 14

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Pablo Neruda.
La Inolvidable

Las lagunas que separan nuestras vidas,
esas que nunca tuvieron que cruzar nuestros padres,
bloquean lo que no cabe en nuestra mente
reemplazando las cosas que no queremos ver.
Siempre quejándote de lo incomprendido que eres,
que no quiere decir que me de igual
es que no voy a volver a creerte nunca más.
Actos patéticos para causas sin valor...
Anti Poema nº7

Inclinado en las noches tiras tus tristes redes
a mis ojos oceánicos.
Allí se nubla y desaparece en la más densa nocturnidad
mi soledad que da vueltas los brazos como un
borracho.
Hago leves señales sobre tus ojos vidriosos
que olean como el mar a la orilla de un faro.
No sólo guardas pesares , hombre de amor y esperanza mía,
de tu mirada emerge siempre la luz de la mañana.
Inclinado en las noches echas tus tristes redes
a ese mar que sacude mis ojos oceánicos.
Los besos nocturnos picotean mis primeras estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo.
Galopa la noche entre tu sombra y la mía
desparramando suspiros y silencios entre nosotros.
El Anticristo.

La humanidad no representa una evolución hacia algo mejor, o más fuerte, o más alto, al modo como hoy se cree eso. El progreso es meramente una idea moderna, es decir, una idea falsa. El europeo de hoy sigue estando, en su valor, profundamente por debajo del europeo del Renacimiento; una evolución posterior no es sin más, por una necesidad cualquiera, una elevación, una intensificación, un fortalecimiento.
De El Anticristo. Maldición Sobre el Cristianismo.
Friedrich Nietzsche
Sin fondo

Después de tres días bebiendo con la nada, sólo me apetecía arrastrarme hasta casa, así que me encaré con la avenida principal. Cabeza por los tobillos, tres o cuatro de la mañana, el sol se acercaba y creía escuchar a los pájaros cantar; me dejé a mi misma divagar en una espiral de adoquines y pasos en falso hasta terminar en un socorrido cigarrillo.
Killswitch Engage retumbaba desde hacía rato en mis oídos, sólo era capaz de retroceder hasta "My Curse" y escuchar el vacío que produce la guitarra de Adam Dutkiewicz antes del segundo estribillo, y cómo Howard Jones pelea con sus propias voces hasta alcanzar el punto exacto de desgarro. Era como salir por la ventana reventando un cristal, perdiéndose en el ruido del tráfico de la mañana, ya sabéis.
De repente me apetece superar mi pequeño sentimiento de inmortalidad, porque sigo en el mundo, acercándome a los veintidós años, como veintidós son las huellas en el polvo de mi camino: mi caja me espera en alguna parte, sabiendo que algún día seré alimento para los gusanos.
Y así como Charles Mingus escribió en aquella preciosa canción, "Epitaph", para Eric Dolphy, yo digo a mi manera "algún día, Eric; algún día, TuPac Shakur y Kurt Cobain; algún día, John Lennon y Charles Bukowski; algún día, Chuck Schuldiner y Ella Fitzgerald; algún día , Johnny Cash; algún día Bob Marley y Neruda; y algún día, Freddy Mercury."
Eran más de las diez y media de la mañana y mi cabeza seguía estando por los tobillos, sonando como una bolsa de huesos moviendose entre el esparto.
Un sonido estridente me taladraba el entrecejo, como una voz que intentaba decirme que había algo que tenía que saber. Anoche estaba en la cima del mundo pero hoy me han destronado.
Creo que es en momentos como este cuando me pregunto si realmente conozco el significado de eso que para los demás es tan común; esposas, maridos, madres, padres, hermanas y hermanos. Amor, candidez, esperanza y buenos sentimientos.
No entiendo su funcionamiento, no quiero entender que necesito más allá de la siguiente borrachera. Así que me toca encontrar alcohol con el que ahogar mis miedos, buscar a la nada y compartir miseria, porque cuando despierte mañana todo se habrá esfumado.
8

Supongo que la perspectiva del tiempo te hace ver las cosas de diferente manera. Hoy son veintiuno los años que llevo encima, aunque muchas veces parezca que son más.
Mi madre sigue creyendo que soy una niña a la que tiene que proteger. Aún así no puedo negar que se lo ha currado bastante, no soy una persona de carácter fácil; mi hermano el ausente hoy es padre de familia, tiene dos niñas preciosas que apuntan muy alto en eso de ser personas; mi hermana consiguió también ser la unión de su propia familia, aunque su hijo parezca muchas veces más hijo mio que suyo.
Tengo la enorme suerte de conservar aún a mis compañeros de clase. Compartir infancia une, de una manera u otra, y me alegro de que sea así.
El barrio se adecentó. Ahora son otros niños los que pueblan las calles, aunque se siga hablando de nosotros. Aquel que me regaló mi primer beso es ahora un hombre responsable, creo que vive con su actual novia en el centro.
Internet no tiene la misma importancia de entonces. Aquellos "nicks" son ahora nombres y apellidos. Gracias a mi "otro yo" he conocido a personas de las que no soy capaz de prescindir ahora, una "sociedad secreta" a la que quiero como una familia. Quizá ese mismo tipo de amor me ha convertido en "madre" de una pequeña yo, de la que me siento muy orgullosa por ser como es, y de otra no tan pequeña, de la que se me llena la boca al hablar de ella. Ojalá yo tuviera el mismo valor.
Yo terminé el instituto, incluso con buenas notas. Aprobé selectividad, pero en lugar de comenzar una carrera de la que no estaba muy convencida, me busqué un trabajo. Quizá para que mi poca memoria no borrase mis recuerdos me aficioné a la fotografía, y creo que a eso quiero dedicar mi vida.
La música sigue estando muy presente. Recurro constantemente a las voces con las que me crié y con las que crecí. Ahora mis horas se evaden entre pop ochentero, música electrónica y sobre todo, metal.
Supongo que el tiempo me ha suavizado el carácter. Aunque tienda a la evasión absoluta y radical muchas veces, mis hermanos son un motivo importante para quedarme (y no me refiero a los de sangre).
Que nadie se equivoque. El mundo me sigue pareciendo absurdo, muchas personas me siguen pareciendo innecesarias y mi familia sigue absorta en sus propios problemas.
Empecé a escribir esto como terapia alternativa a la de siempre. No se puede recordar el pasado constantemente, y tampoco se puede buscar el futuro en una fotografía.
Mis extremos siguen sin llevarse bien, aún no soy capaz de sentirme cómoda rodeada de gente, por muy sociable que parezca ser. Aunque en eso el alcohol ayuda bastante, de hecho, me resulta gracioso hablar de alcoholismo a mi edad...
...¿qué? Nunca dije que terminase bien.
7

Creo que fue en ese momento cuando mi vida comenzó a torcerse. Pasé el tiempo que duró la mudanza y algunos meses más sumergida en mi discman. Linkin Park y Korn comenzaban a tener una presencia abrumadora mientras el resto parecía estar en un discreto segundo plano, como el resto de mi vida.
Las discusiones en casa se multiplicaron, supongo que no era fácil vivir con un ser asocial (inerte quedaría un poco fuera de lugar, o no). Así que me tocó sacar pecho y desempolvar la sonrisa para empezar con buen pie en un nuevo instituto. Los odiaba a todos, completamente. No eran de los mios, mi gente, ese sitio no era el mio. El instituto puede ser una putada para cualquier adolescente, y más si es un recién llegado de la ciudad. Me asfixiaba en casa, en clase, en la calle. Hice amigos a las pocas semanas de llegar al pueblo, pero como si no lo fueran, siempre ha habido una barrera entre ellos y yo.
Gracias a Internet podía mantener el contacto con mi gente de siempre cuando no me era posible ir a la ciudad. No valía la pena estar presente en casa, ni en ninguna parte, así que encontré nuevas vías de evasión; música e internet.
Combinar ambos era realmente fantástico. Pronto llené el messenger de gente con gustos musicales parecidos, incluso me aficioné bastante a postear en un foro donde conocí a gente increíble. Pronto esa gente pasó del foro al messenger, y del messenger a mi vida.
Justo cuando me olvidaba del cosquilleo del primer beso, el estómago volvió a encogerse. Internet y la música me llevaron hasta él. Un chaval de mi edad, con gustos iguales a los mios...podría decir que era yo en otro cuerpo. Todo parecía perfecto salvo por un factor que se nos escapaba. La distancia.
Llantos, gritos, horas al teléfono, aún más al ordenador, cartas, sms...Nunca podremos decir que no pudo ser, pues lo intentamos con cada centímetro de nuestra piel. Para cuando conseguimos abrazarnos el mundo giraba más rápido que nosotros. Afortunadamente, después del amor se puede seguir subiendo.
Hoy en dia sigue conmigo, como mucha de aquella gente. Tener diecinueve años no parecía ser el fin del mundo, aunque no siempre lo que vemos es lo que hay realmente.
...
060608

Tu felicidad por encima de un pájaro y permanecer en lo alto de una nube.
Tu sonrisa que parte el cielo en dos, una carcajada, que incluso a oídos sordos llegaría y con tan solo una mueca de tu cara penetraría en ellos, e incluso hacerlos oír.
Sí, basta con una mirada alrededor y ya todo es predecible. Mueve montañas con sus dedos, se mimetiza con un bolígrafo, y no escribe... deja su alma fluir.
Y con ella, a veces se quema, otras te quema, te abolla, se destroza, te siente, te admira, te ríe, se calma y escribe... con la misma rabia de un diablo, con las mismas lágrimas de un desterrado lo que verdaderamente destroza su alma y la tuya.
Y tan siquiera sabe a qué suena tu voz....
Por L.O.M.
♥
6

El calor apretaba muchísimo aquel verano.
El asfalto derretía las suelas de nuestras adidas, nadie tenía las narices suficientes de salir a la calle entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde...excepto nosotros.
Una guerra de globos de agua parecía la opción ideal para pasar las tardes de agosto. Mi "clan" era el de siempre; mi mejor amiga, un crío algunos años menor que yo, y él.
Dos años mayor que yo. Rubio, de ojos azules y sonrisa sincera. Era quizá de los más respetados entre nosotros, no por ser el más gamberro, sino por su honestidad.
Yo por aquel entonces había desarrollado un personalidad "arrolladora". La edad, la facilidad de palabra y el fuerte carácter me habían llevado al status de "líder", tanto en el colegio como en el barrio. No era popular, tampoco la típica niña mandona y marisabidilla. Me limitaba a ser yo y a tirar adelante con las consecuencias de lo que hacía y eso no era común, por eso "molaba" tanto.
Se podría decir que él simbolizaba la pureza de espíritu y los buenos sentimientos. Yo era un poco lo contrario, por eso nos llevábamos tan bien, ya se sabe lo que se dice de los polos opuestos.
Aquella tarde fue genial. Muchos chavales de otros barrios se unieron a nosotros para organizar toda una batalla campal. Todo marchaba genial hasta que uno de los globos reventó contra el cristal de un no-rico (el típico pijo que inexplicablemente vive en un barrio, cuando diariamente demuestra que tiene muchísima más clase...).
La desbandada aún se recuerda. Cualquier hueco servía para esconderse. Corría calle abajo buscando un escondrijo cuando una mano salió de la nada y me metió en un portal. Era él.
Comentábamos entre risas la persecución cuando me di cuenta de que estábamos solos, como nunca habíamos estado. Y se me encogió el estómago. Recuerdo que tuve que sentarme sobre el mármol, y recuerdo que él también lo hizo.
"Hace fresco aquí..." "Sí, a mi no me apetece nada salir..."
No hubo palabras después de eso. Sus ojos miraban diferente. Una ventana inmensa se abría en su azul intenso, casi como el mar...y me sentí feliz.
Le sonreí, y su sonrisa la transformó en beso, el primero, No lo condicionaba absolutamente nada, fue el más puro que he tenido en mi vida.
Salimos de allí aún más cómplices que antes. Ya no nos apetecía estar con tanta gente, el descubrimiento del otro, en todos los aspectos, era ahora lo más importante. Podría decirse que fue mi primer "novio".
El tiempo no apagó aquello, tampoco lo mantuvo. La adolescencia se truncaba, las calles se vaciaban, mi gente se iba. No era fácil vivir allí, y a mi también me toco partir.
Con dieciséis años más que cumplidos y toda una vida entre solares abandonados y asfalto, me vi obligada a dejar mi colegio de siempre, mi vida de siempre, por otra que no me apetecía vivir.
Los mordaces versos del sr.Slim Shady fueron silenciados por Chester Bennington. Y la oscuridad tomó el mando.
...
5

Hasta los cinco años estuve rebotando de un piso a otro del centro de la ciudad, hasta que llegué a un barrio de la periferia. Sin parques, ni canchas de baloncesto, ni plazas. La gente era tan agradable y cercana que asustaba, al menos me resultaba extraño que se mostrasen tan familiares sin motivo aparente.
Mis hermanos enseguida encontraron un hueco entre los diferentes grupos del barrio.
Mi hermano era un líder nato. Un chaval con moto siempre resulta más atractivo a ojos del resto, y si además le añadimos unos preciosos ojos verdes y una sonrisa bonita, no habría corazón ni labios que se le resistieran.
Mi hermana no perdía la costumbre de organizar la vida del resto. Planificaba excursiones, meriendas, juegos...y además, trabajaba. Siempre fue la responsable de los tres.
Yo era muy pequeña para salir a jugar, hasta que mi hermano se apiadó de mi y me sacaba de paseo con sus amigos. Recuerdo cómo me sentaban en una de sus motos y me pellizcaban las mejillas, o me hacían cosquillas hasta llorar. "¡Qué graciosa tu hermana!" le decían.
Realmente era una cría bastante mona. De piel muy blanca, ojos pequeñitos de un marrón muy claro y pelo rizado y rubio. Lástima que el encanto se perdiese con el tiempo.
Los amigos de mis hermanos, y mis hermanos, crecieron. Se fueron de casa y comenzaron una nueva vida lejos de las calles. El puesto de banda gamberra oficial lo ocupamos los hermanos pequeños de aquellos jóvenes sensatos y agradables. Lo que pocos sabían es que el saber estar no se hereda.
La sociedad y sus costumbres se había recrudecido con el tiempo. Tener doce años y vivir en los noventa parecía una tarea imposible. Los Backstreet Boys no consiguieron apagar la vena rebelde propia de la edad y apareció el rap. Mientras Tupac Shakur moría tiroteado, Run DMC y MC Hammer parecían ganarle la batalla a Dr. Dre hasta que apareció D12, y con ellos, Eminem.
El barrio se llenó de "malotes" y gente "chunga". Todos éramos raperos del Bronx, y como tales, formábamos bandas callejeras que atemorizaban a todos, al menos eso creíamos nosotros.
Entre guerras de agua, historias para no dormir y enormes chicles de fresa, la infancia cerraba el primer capítulo de mi vida. La adolescencia se abría paso a gritos en nosotros, y con ella, el primer amor.
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4

Después de recordarlo, creo que la muerte de mi abuela me ha marcado muchísimo y me ha hecho en gran parte como soy ahora. Otra parte importante en la vida de cualquier persona son sus amigos.
Empecé a ir al cole a los cuatro años. No era una niña tímida, pero si muy reservada. Solía sentarme al fondo de la clase para huir de los profesores y observar al resto.
Mis aspiraciones como estudiante no solían ir más allá de dejarme llevar con las redacciones de fin de semana y pasar las tardes dibujando. Nunca me gustaron las matemáticas, las cambié por griego en cuanto tuve oportunidad. Se podría decir que fui (y soy) humanista. No me consideraba líder, pero quizá si un gran punto de unión. La mayoría del tiempo me tocaba ejercer de conciliadora o de sensata. Recuerdo que una profesora de inglés me llamaba cariñosamente "The Glue".
Mis compañeros de clase fueron los mismos siempre, desde los cuatro a los dieciséis años. Hasta los dieciocho estudié en otro instituto, sin ellos, con toda la melancolía que eso conlleva.
Compartimos cicatrices, merienda, broncas de profesores, peleas con otras clases... Había un sentimiento de hermandad más que de compañerismo. Muchos de ellos siguen hoy conmigo, otros...no.
Muchos son respetables trabajadores, otros siguen siendo brillantes estudiantes. Algunos ya son padres de familia, incluso con planes de boda. Aunque no todos son tan "perfectamente correctos". La droga no es algo que todos puedan rechazar y...bueno, algunos simplemente no han llegado hasta el día de hoy.
Hoy en día intento cuidarles como entonces, aunque es francamente difícil. La vida da demasiadas vueltas y el tiempo y la distancia no son benévolos siempre.
Quizá lo mejor sea cruzarnos por la calle, al doblar la esquina, al salir de una tienda o pillar el bus. Los ojos abiertos de par en par, la boca entreabierta, una sonrisa de oreja a oreja y "esa sensación" que asegura un abrazo inmenso, y quizá un café.
El barrio era otra historia...
...
Puta

Anestesia para pensamientos de mentes fálicas y lenguas de seda.
¿Qué pensábais?
Romper un plato es fácil cuando se ha roto una vajilla entera.
Es imposible olvidar la sensación más primitiva, el deseo más innato.
¡Mierda!
Mentiría si dijera que entre botella y botella no desviaba la mirada hacia partes menos nobles.
Que un sudor frío acompañado de un reguero de hormigas desde la nuca a la entrepierna me hacía observarte como supuestamente no me dejas.
Me follaría al amor si me lo pidieras.
Si, a mi también me pasa.
Yo también bebo, como la que más si puedo y me dejan.
"Beber no es de señoritas"
"Ni cerrar las piernas de putas".
Valéis mucho más con alcohol en vena.
No os hagáis las interesantes ni puritanas.
Las iglesias están llenas de santas como vosotras.
Si, yo también follo.
Que mi cara de niñata no os engañe.
Es menos penoso salir del polvo para llegar al polvo echando uno de vez en cuando.
Si el amor aparece, jodéos.
No prometo atardeceres, ni paseos por el parque ni cenas con tus padres.
Calentón, galope y portazo.
Y si te he visto no me acuerdo.
3

Mi abuela merece un capítulo especial.
Para mi siempre fue muy mayor, con las manos muy arrugadas y el pelo muy blanco. Tenía la voz como la de mi tía, pero envejecida, como si se hubiese cansado de hablar.
Me gustaban sus manos; cogerlas, mirarlas, olerlas, jugar con sus dedos, probarme sus anillos...era como manejar el pasado. Me encantaba acostarme en el suelo del patio mientras ella me contaba historias de cuando era niña, sentada desde su enorme sofá. A veces ponía la radio y callaba. Yo también lo hacía, era fácil, nunca he sido de muchas palabras. Otras veces, cuando la memoria se lo permitía, me explicaba que esa voz tan grave pertenecía a un tal Louis Armstrong, o que Roberta Flack le cantaba su "Killing Me Softly" al "Year Of The Car" de Al Stewart. Cuántas tardes pasé dibujando mi propia "Vie En Rose" junto a Edith Piaf mientras mi abuela le susurraba a mi madre, "la niña tiene talento".
Era muy sabia, como si hubiera vivido todas las edades del mundo. Para todo tenía respuesta, siempre tenía solución para todos los problemas. La vida con ella era tan fácil que a veces no daba miedo. Se podría decir que ella me enseño a no pasar de largo por la vida, a ser curiosa sin ser cotilla, y a no ser terca, sino perseverante.
Mi temprana madurez podría haber seguido aprendiendo de ella, pero enfermó.
Era verano, seguro. Lo sé porque era la hora de irse a casa y aún era de día.
La besé en la frente, llevándome conmigo su olor a lavanda y manzanilla. No le dije adiós, creo que esa palabra no debería utilizarse nunca. Simplemente le sonreí, convencida de que esa no sería la última vez que la vería.
Al llegar a la puerta la oí decirme "¡oye! ¿te vas sin darme un beso?"
Miré a mi madre con el ceño fruncido, ella me respondió con un resignado "venga, dale un beso a tu abuela".
Eso hice, y de buena gana, era un gustazo abrazarla...
Tanto en mi casa como en casa de mi tía empezaron a hablar mucho de ella, siempre en voz muy bajita, como para que nadie se diese cuenta o para que la pena fuera menor. Hablaban de hospitales y de un tal Alzheimer. Yo no entendía tanta preocupación, a la abuela se le olvidaban las cosas, ¿y qué? Nadie es perfecto.
En diciembre de ese mismo año se fue. Con ese Alzheimer supongo.
Era sábado por la mañana, lo recuerdo así porque no había colegio y mi hermana estaba en casa. Cuando sonó el teléfono sabía quien era, y que quería decirnos. El llanto de mi madre lo confirmó.
Creo que fui la única que no lloró entonces. Quizá no lo entendí del todo. Ella ya no estaría para hablarme de lo guapísima que sería de mayor si me terminaba el pescado, y tampoco me daría cinco duros para ir por chuches a la tienda del barrio.
Este año se cumpliran diez años desde que no está, y aún la recuerdo como aquella tarde de verano. En casa la recordamos cada uno a nuestra manera, como siempre. Unos con anécdotas, olores, sabores...
Yo con sus canciones, y terminándome el pescado.
...
2

Quizá el mejor recuerdo que tengo de aquella época es la música con la que crecí. Desde Sabina hasta Pet Shop Boys, pasando por Aretha Franklin o Cómplices. A veces creo verme a mi misma canturreando canciones de Luz Casal en nuestros viajes en coche. Esa era otra cosa que me encantaba, salir de paseo. Disfrutaba mucho más del camino que del destino, nunca quería llegar, ni tampoco volver. Los ojillos se me perdían a través del cristal y los oídos entre las guitarras de Pink Floyd o Dire Straits. Era casi un reto diferenciar una guitarra de un bajo. Adoraba tocar mi batería imaginaria con sorprendente precisión (todo lo precisa que puede ser una niña de cuatro años).
Creo que con el único destino que solía estar conforme era con llegar a casa de mi tía, la hermana mayor de mi madre. Sentía un profundo respeto por esa mujer, pero a la vez, no podía evitar carcajearme de su tono de voz, una voz tan aguda que eliminaba cualquier ápice de imposición autoritaria.
También cocinaba muy bien, sobre todo las croquetas, y una salsa de sabor dulce pero picante a la vez que sólo sabía hacer ella, aún hoy la llamo "salsa de tía".
Sus besos también huelen a tabaco, a veces creo que la nicotina la ha consumido de tal manera que esta hecha de humo. Podría decir que la echo de menos.
A quien recuerdo con menos añoranza es a su marido. Un señor más bien pequeñito, muy moreno y con un acento curioso. No entendía que hablase "ziempre azí" hasta que descubrí que era andaluz (y lo que era ser andaluz), de un pueblo de Huelva. No es que nos llevásemos mal, es más, incluso era cariñoso conmigo, pero había algo en él, en su esencia, que no terminaba de convencerme. Con el tiempo descubrí que aquello se llamaba "alcohol" y que mi tío de Huelva tenia un problema. Llevo años sin saber de él.
...
1

Me encantaría. Sería capaz de dar lo poco que pueda tener por ser ese instante, esa pequeña fracción de segundo que transcurre desde que abres los ojos al despertar hasta que te das cuenta de quién eres y dónde estas. Por ese momento aparentemente insignificante he llegado a vivir todos los días.
El mundo nunca me pareció un lugar peligroso, aunque si absurdo. Siempre me dio más miedo ser persona. La gente me resultaba extraña, muchas veces detestable.
Sus costumbres no terminaban de hacer mella en mi y eso pronto me convirtió en "la rara". Tampoco entendí nunca esa costumbre de poner etiquetas a todo...
Mi casa, lo que debería ser un refugio, parecía una trinchera de la que te obligaban a tomar parte. Mi concepto de familia es diferente del que puede tener el resto, creo que por "culpa" de dónde me tocó crecer.
No nos equivoquemos. No me obligaron a trabajar a los tres años, no abusaron de mi, no presencié malos tratos. Aunque mis padres se divorciasen antes de que yo naciera, (dicen que eso no es bueno, aunque yo no lo creyese, y aun no lo creo) tuve lo que se puede decir una infancia feliz. Pero no se por qué, en mi casa siempre había un sentimiento de evasión. Una huida continua de sentirse cercano al otro que cada uno afrontaba como podía; mamá cocinaba mucho, y muy bien, quizá teniendo la idea en la cabeza de que con la boca llena no se debe hablar; mi hermano...bueno, no tengo recuerdos de mi hermano, Era una sombra lánguida de voz dulcemente grave cuyos besos sabían a tabaco, a veces aún es así; mi hermana era el motor. Empezó a trabajar muy joven buscando una independencia que no se merecía. Siempre era la mediadora de conflictos de dimensiones grotescas, tales como "dame el mando de la tele" , "ahora me toca a mi", "yo no me he terminado el bote de nocilla". Mi hermano y yo teníamos la complicidad justa para hacerla sentir importante, aunque nosotros hiciéramos lo que nos diera la gana.
...
I Remember

I remember life after the war.
Hiding in the ruins of the bombed buildings.
The man with no legs pushing his way on a tiny platform.
I remember playing alone.
I remember playing with the other children.
We did not have any toys.
We were making our own.
I remember the girl on the third floor.
She never played with us.
She was a ballerina.
I remember the stale smell of dark corridors.
I remember the drowned man exhausted from his last fight.
I remember faces that never smiled.
I remember my first day in school.
Hiding my face in the teachers lap and crying.
She let me go home.
I remember cold waters of the Baltic sea.
I remember sunsets and the silent silhouettes along the shoreline.
I remember the forest full of secrets.
I remember an unfinished painting and nobody around.
I remember the white aprons and the golden glow of fish in the baskets.
I remember the music teacher striking my fingers with a pencil.
I remember marching in a column.
I remember laying flowers to the monument of Lenin.
I remember my first glass of wine.
I remember the first girl I loved.
I remember my childhood.
Misha Gordin.
Retorciendo Palabras.

Los milenios son un decimal.
Una suma de cifras de tiempo sin más.
Voces nuevas, presentes, futuras, pasadas, que van retorciendo palabras de amor.
Construyendo edificios que no durarán, un diseño de algo fugaz.
Arquitectos de frases que me hacen dudar
y que intentan decirme que no se lo que quiero.
Fangoria.
Declaraciones y promesas cumplidas

Muchos años han pasado desde aquellos días de verano
entre sal y mejillas sonrosadas.
Ahora son otros niños los que juegan a indios y vaqueros
olvidando sus diferencias a la hora de la merienda.
¿Me recordarás cuando el alisio te acaricie el pelo?
Aquí, donde siempre debimos estar.
Podrás explicarle al cielo, ese egoísta que nunca compartió una nube,
que nosotros reinamos bajo el Sol.
II

"Te quiero.
Me he enamorado de tí.
Y creo que el mundo es un poco menos malo porque existes.
Siento que quiero pasar contigo el resto de mi vida y todo eso. Las palpitaciones, los nervios, el sufrimiento, la felicidad y el...el miedo.
Quiero...
Deseo acariciarte a todas horas, y quiero cuidar de ti.
Estoy enamorado.
Clásicamente enamorado.
Con la clásica tristeza que llega cada vez que te marchas, con las lágrimas, los gritos, y todo lo demás..."
Mi Vida Sin Mi.
Aviso.

Buscad una mano amiga y aferráos a ella como el borracho a su botella.
¿Dónde están ahora los fuertes? ¿Quiénes eran los esperanzados?
¿Vosotros érais los sabios? ¿Los líderes? ¿Aquellos a los que había que seguir?
¿Qué ha sido de vuestra armonía? ¿De la paz de espíritu?
¿Qué tiene de divertido señalar al de al lado y reirse cuando no hay nadie?
¿Por qué es tan necesaria la paz? ¿Y el amor? ¿Y la comprensión?
La vida os comería vivos cual zorra suelta en un corral,
pero no os lo merecéis.
No busquéis respuestas que no queréis saber.
"El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto"
Jorge Luis Borges.






