
No camino
ni ando
ni paseo.
Creo que me voy a mi casa.
De camino
meti la mano en mi bolsillo
y encontré tu foto
junto a dos o tres céntimos.
Ni para emborracharme me queda.
Creo que me he perdido.
Antes caminaba
andaba
paseaba.
Eso demostraba
que era capaz
de ser.
No tengo nada.
Nada.
Alcoba de Agua (Antipoesía)

Podría pasarme la vida
contando todos los lunares de tu cuerpo,
siguiendo mi reflejo en tus ojos,
ahuyentando tus fantasmas,
y si quieres,
ser un poco más tú.
Podría pasarme la vida.
Pero vivir, mi amor, es mucho más que eso.
Es crecer, dormir, envejecer juntos.
Vernos todos los días
y mirarnos con recelo a veces.
Es esa costumbre de siempre
con nuestro matiz de romanticismo e indigencia.
"...No viviré si no es para buscarte
y cruzaré el dolor para adorarte..."
Silvina Ocampo
A Quien Corresponda

Que otros te escriban un gran poema,
que sigan perdiendo segundos
en favor de tu soberbia.
Poemas de esos
que alaben el color de tus ojos,
o de esos otros
que critiquen el veneno de tus venas.
A mí sólo me importan tus hechos
o deshechos.
El momento en el que tu mente te desafía
y las palabras que dicta
salpican de decepción a quien las escucha.
El mar sigue adelante.
01:28

Apoyar la frente enfebrecida en la cara oculta de la puerta.
Desorbitar los ojos. Enumerar cuántas copas se han sacrificado, sin conseguirlo.
Buscar una excusa creíble para semejante fracaso.
Dibujar ésta noche. La de mañana. La siguiente.
Las lágrimas de las paredes.
Sentir cómo la soga se escurre del cuello, dejando sin más la presión de las manos.
Apoyar la frente.
Abandonarse.
Contra I.R.S. (Antipoesía)

De qué serviría, digo yo,
salir de esta casa, cambiar de piso,
dejar atrás un pasado tan oscuro
como aquella reputación (ahí es nada),
cambiar las sábanas, pintar las paredes,
renunciar a la vida de extremista
si luego apareces tú, inútil,
intrusa vestida con mi ropa,
con tus manos frías y temblorosas,
a beberte mi alcohol y ensuciar mi casa?
Te acompañan las barras de los bares,
las calles muertas de madrugada,
y los ascensores de luz despreciable y esperanzadora
que no soportas cuando llegas a casa,
borracha,
y te plantas frente al espejo
con la cara destruida,
con ojos todavía en el más allá,
ojos que te niegas a cerrar
por temor a morir.
Y si te insulto,
te ríes,
me recuerdas el rollo que siempre he sido
y dices que me sienta muy mal beber.
Podría seguir hiriendo.
Recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo desenfadado y pasota
resultan enervantes
cuando se llega a tus extremos de estupidez,
y que tu encantadora sonrisa
de chavala que todos quieren conocer,
tus principios de mierda,
tu carácter de mujer segura
(segura de no estar segura, claro está)
son un intento patético
de sentirte persona.
Mientras,
tú me miras con esos ojos
de huérfana desconsolada, adorable,
y me lloras mientras prometes
no volver a hacerlo.
Si no fueses tan zorra!
Y si yo aceptase de una vez, después de tanto tiempo,
que de las dos tú eres la fuerte
y que por no matarte enfurezco.
Cuando vuelves
me derrumba la impaciencia y el resentimiento,
la humillación imperdonable,
el exceso de confianza.
Tiraré de ti hasta la cama
como quien va al encuentro de su verdugo
para dormir contigo.
Llorando a cada paso de impotencia,
tropenzando con los muebles
abrazadas como estúpidas,
destilando cerveza
y los lamentos de siempre.
"And all that could have been"

Siempre hay algo más.
Como invisible, insignificante
y sin embargo asfixiante.
A veces para evitarlo
pienso en otras calles
o en caminos de tierra hacia pueblos
de humedad y pinos.
Vuelvo a ver los viejos callejones,
las plazas con sus bancos
que se quedan atrás para siempre, en la memoria,
como los que una vez existieron.
Y esto es todo.
Quizás alguien cruce la acera
o me tropiece contigo saliendo de un bar,
pero eso es todo.
Qué gilipollez.

Qué gilipollez salir
por una ciudad de mierda
a rebuscar mis confidencias entre putas,
poetas de cartones y esquinas,
cabecitas totalitarias y cerradas,
solitarios que se vendieron al diálogo
salvo algunas soledades de domingo por la tarde en el bar,
o alguna etapa antes de que ella volviese.
Qué gilipollez creer
que siempre se puede ir más allá,
que no hay límite cuando se quiere compartir.
Casi parecía cierto, con toda esa parafernalia
de chorradas sobre el respeto y el conocerse
a base de trabajo y constancia.
Ser curioso sin ser cotilla
y ser perseverante sin ser terco.
Qué gilipollez la distancia
cuando largarse es más fácil que creer.
Creer simplemente.
Qué gilipollez.

