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peelS

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Mientras respiremos de este aire iluminado por la Luna, la noche volverá a pasar por nuestro lado. Y casi parecerá que el mundo ha desaparecido, pero yo... ...me he dormido en el camino.

Ya no llueve (Antipoesía)

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Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad. Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco. Que no se enfade la felicidad por haberla olvidado. Que me olviden los muertos que se han olvidado de mi. Que me disculpe el tiempo por todo el tiempo que ha pasado. Que me disculpe mi antiguo amor por considerar al nuevo el primero. Perdonadme, malos pensamientos, por no seguiros a rajatabla. Perdonadme, heridas abiertas, por seguir hurgando. Que me disculpen los que me llaman desde lejos, y no parezco oír. Que me disculpen mis compañeros por los bostezos a las ocho de la mañana. Perdóname, esperanza perdida, por extrañarte a veces. Perdonadme, mares y mareas, por no saber ahogarme. Y tú, mi vida, hace tiempo el mismo, en esta misma vida, sereno, mirando fijamente el mismo punto siempre, perdóname, nunca pude seguirte. Que me perdonen los árboles por mi mesa de madera. Que me perdonen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas. Verdad, no me prestes demasiada at...

Oh sí.

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Hay cosas peores que estar solo. Pero a veces hacen falta décadas para darse cuenta de ello. Y muchas otras veces, cuando esto ocurre, es demasiado tarde. Y no hay nada peor que un demasiado tarde. Charles Bukowski.

Oda al amor secreto (Antipoesía)

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Tú sabes que no adivinan el misterio. Me ven, nos ven, y nada se ha dicho. Ni tus ojos, ni tu voz, ni tu pelo, ni tu amor han hablado. Y lo saben de pronto, sin saberlo, lo saben. Me encojo de hombros y camino hacia otro lado, y saben que me esperas. Alegre, viva y canto. Y sueño, segura de mí misma. Y sé, de algún modo, que tú eres mi alegría y que te alegro la vida. Ven a través de mis pequeños ojos las llaves de tu sonrisa, las llaves del papel, de la luna en el rocío, el canto en la cascada. Tú, sin abrir la boca, despistado. Tú, cerrando los ojos, convencido. Tú, custodiando entre la hojarasca seca un lazo azul. El vuelo de un escondido corazón. Y entonces una sílaba, una gota del cielo, un sonido suave de sombra y polen en la oreja, y todos lo saben, amor mío. Circula entre los hombres en las calles, junto a las nubes arriba en el cielo, y vuela con las aves que nos envidian. Déjalo que se vaya volando por los cielos plácidos. Que asuste a la lluvia a los muros, que vaya y vuelva...

Carta

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Estás lejos y al sur, allí son poco más de las nueve. Recostado en tu sofá, mal sentado en esa silla de tu cuarto, tirado en una cama, la tuya o la de alguien. Estoy pensando en ti ya hace una hora, tal vez media, no lo sé. Cuando la luz se acabe y sean aquí las nueve estiraré la colcha, me cambiaré de camiseta, y me recogeré el pelo, o no. Iré a beber, eso esta claro. Pero en algún momento volveré a este cuarto, me tiraré en la cama y entonces tu recuerdo... qué digo, mi deseo de verte, que me mires tu presencia que me falta en la vida, se pondrán como ahora el Sol se pone en la tarde, que ya es la noche, a ser la sola única cosa que me importa en el mundo.

Llamada Vida (Antipoesía)

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Mantenerse al margen, llegar tarde, cantar a pulmón. Menoscabarse en vano, anular voluntades, evitar cataclismos. Acompañar la soledad, no negarse a la ausencia, remansarse en la nada. Ir de lo ceñido a lo amplio, desde lo opaco hasta la luz, de los celos al amor libre. Ofrecerse al calor del día, sin morir una hora tras otra, y volver a comenzar cada noche. Volar de lo distinto a lo idéntico, admirar miradores y sótanos, infligirse, penarse, consentirse. Estar en busca de tu alma parecida preparar un milagro entre la sombra y llamar vida a lo que sabe a muerte.

Amor Eterno

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Da miedo, a veces, encontrarse con que el camino cae en picado y que hay que bajar agarrándose con las uñas de las rocas. Cuando esto pasa, no se puede sino aconsejar que a cien metros del suelo se suelten las manos. La caída es impresionante: el cuerpo se ha hecho eterno; lo atraviesan alisios, hojas de eucalipto y menta, el viento del sur; riachuelos, algas, espuma del mar, hilos de lluvia, alguno de tus besos, copos de nieve... Estos últimos, al fin, se solidifican en la realidad al caer, para luego estallar con violencia sobre tus sueños, que aparecían sonrientes tras la trayectoria vertiginosas de tus cabellos al caer. Luego nos sorprendería el golpe. O no. Pero ese es otro tema.