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Mostrando las entradas etiquetadas como paranoia

Sueño nº4

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De pueblo conocido y despreciado por culpa del tiempo y sus gentes. De hotel conocido, atemporal, mal situado. Y él Eso. Ya no sé. No sé como seguir. De una errata propia de Morfeo, de esas que te joden el dia y te hacen replantearte lo que condenaste a olvidar. Duele en el estómago. Eso. O él. Sigo sin saber. Y un problema que surge de la irracionalidad del sopor. Yo. La que dió aquel portazo y ahuyentó su nombre como si de maldición se tratara, soy quien allí, en el subconsciente más ansioso y desconcertante, se parte la cara por él, o eso, o yo qué sé. Y abre la boca y le abre la boca y no le dice otra cosa que en vigilia no le diría y él o eso le responde algo que despierto quizá no haría. Y se asusta.

Mentira

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No. Nunca. Jamás. No seré feliz con nadie ni conmigo. No te quiero, nunca lo he hecho y jamás volveré a hacerlo.

Y ya está.

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La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. No recordaba haberme dormido y tampoco sentía que hubiese despertado. No había dolor de cabeza, ni arcadas, ni sequedad en la boca. Tampoco me pesaban los párpados, incluso me atrevería a decir que nunca me había encontrado mejor. Los pies me engañaban, no parecía haber suelo por el que andar, y mi cuerpo respondía rápidamente a cada estímulo. Me sentí plena y, porqué no, me apeteció bailar. Deambulaba sin pesadez a saltitos por la habitación, todo estaba bien, podría decir que era perfecto. Si, perfecto. No necesitaba nada más, ni a nadie más. Era feliz, por fin. Hasta que tropecé con mi reflejo en un espejo. La melena me tapaba más de media cara, y aún así no conseguía disimular mis profundas ojeras. Mis pómulos sobresalían más que mis ojos, fríos y apagados ahora. El color de la vida se había ido de mis labios y de mi piel, mis manos ya no temblaban. Al bajar la vista hasta el abdomen descubrí un enorme agujero que me atravesaba....

Resacas y vicios

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Abro los ojos y veo que son más de las tres de la tarde. El mismo ritual con el mismo dolor de cabeza. Y me doy cuenta de que es verdad, "se ha ido para mejor."

Cicatriz II

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¿Recordarás su nombre alguna vez? Como cuando con su rostro y sus maneras te sugiere que estés a su disposición y que la llames. ¿Dejarás que arrastre tu halo hasta el barro de las cenizas de Pompeya? Explosionando una vez más en estatuas de polvo, velos y sudarios. Porque estas esposas ya duelen demasiado, bastante tiene con conceder aplausos sin ticket de vuelta. Y cuando se hundieron en el lago no hicieron nada por volver a salir. Contusiones saturadas más allá de los hormigueros del amanecer de una nueva plaga. ¿Habré perdido mi camino? Incluso lo que este callejón sin salida podría pagar para llegar hasta dentro de nosotros es muy poco, sea cual sea el precio. Formidable, pulcro, limpio. Hielo manchado. Y aún así no hicieron nada por salir del lago. Yo me rindo.

?

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¿Qué puedo decir ahora? No podía estar más equivocada porque aquí no hay nada. Y parece que nunca lo ha habido. Ojalá pudiérais ver la frialdad de mis ojos. Como la del mejor amigo que te evita hasta dejarte solo. ¿Habremos perdido todo el amor que pudimos compartir? Porque esa idea me destroza. Y me duele. Y me hace llorar. Y no puedo encontrar un camino que me saque de aqui. ¿Dónde estáis cuando os necesito? ¿Estáis ahí...?

¿Qué?

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¿Me dejas tu mano para escribir mi vida? ¿O un trozo de corazón en el que vivir? ¿Quién soy yo para hace volar tu cometa? ¿Quieres que te ilumine con mi flash? Echa un vistazo a esta imagen, es tuya. Llora hasta que te canses, pero no hoy. ¿Has conocido ya a tu alma gemela? ¿Has logrado despegar sin hélices ni motor? ¿Has seguido tu propia estela para encontrar un camino y por fin abrazarme? Créeme, esto no es tan fuerte como parece. Echa un trago y pásamela. ¿Rebelde o libertario? ¿Debo coserme la cámara a la mano? ¿Se pondrá la botella celosa? ¿Conseguiré ser piloto algún dia? Aquí en el mar, donde vivo mantenerse sobrio no tiene mérito. ¿Conseguiré levantar cabeza? ¿Inventarán el sabor a aire? ¿Me despertaré alguna mañana sin ganas de desaparecer? Durmiendo sobre alas de plata conseguiremos vivir para siempre.

Cicatriz.

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Bla bla bla... No soy más que un montón de palabras absurdas que te dedicas a triturar con la alevosía que dan los recuerdos. Lengua de papel mojado que se deshace ante frialdad de tus ojos. Nada se perdona, nada se olvida. Para cuando logre salir de aquí no habrá nada por lo que quedarse. No puedo hacerme oir si me tapas la boca con indiferencia, y mis actos no consiguen demostrar lo que deberían. ¿Qué hacemos? Porque las ganas se me acaban, y la razón queda ya muy lejos.

A él.

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Recuerdo cómo le brillaban los ojos al verme, hace años. Y cómo esa cercanía me asustaba más que cualquier tirón de orejas de mi madre. Y las fotos borrosas, como los recuerdos que a menudo me esforzaba por tener. El parecido físico era inexistente, por suerte heredé los rasgos infantiles de mamá. Pero sucedió, ahí estaba. La capacidad de autodestrucción. La falta de interés total en el bienestar de la gente por la que sentía alguna clase de extraña estima, porque a eso no se le podía llamar querer. Él nunca supo hacerlo. Y cuando lo intentaba, hacía aún más daño. Reconocí esa especie de resentimiento contra la Humanidad por haberle hecho como es. No podía evitar llamar la antención, tenía ese tipo de personalidad tan atractiva como devastadora que hacía que el resto del mundo dependiese de su nefasta voluntad. Cualquier sentimiento mínimamente humano le hacía huir, evadirse con el daño de su interior y renacer estando aún más vacío. Le gustaba la comodidad de la ausencia de sentimient...

Walk In The Sky.

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Con el viento de cara y la altura que hay desde el asfalto hasta la azotea, la percepción de la ciudad es menos egoísta. Es casi liberador, a pesar de las voces que me susurran al oído que puedo volar. ¿Cómo hacerles entender que no es saltar lo que me hace falta? La cantidad de realidad en mis pulmones depende únicamente de los golpes que aguante mi cráneo contra el granito. Entonces el vértigo aparece en forma de ojos cerrados. Y me mareo, y echo de menos beber sin sed, y me arrepiento de no haber sabido mirarte a los ojos, y te recuerdo con más fuerza. Y te quiero. Hasta que aparece el goteo. Mira como se cuelan mis sentimientos por las sienes, mira como vuelven a caer al suelo y se mezclan con las lágrimas que no sé derramar, y no lo entiendo. Creía que sentía lo suficiente como para llorar por ti. Y es que adoro el sonido de tus pasos cuando te vas, ¿por qué no te vas? ¿por qué no sabes volver? ¿Vivir por el placer de estar vivo? Ojalá supiera lo que eso significa.

Paranoia Agent. Capítulo 11.

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"Se perfectamente quién eres. También se por qué estás aquí. De algún modo te he llamado, ¿verdad? Lo he pensado, quería desaparecer. Y ni tan siquiera quería pasar por aquella operación para seguir viviendo... Pero estaba completamente equivocada. ... Por lo visto atacas impulsivamente a las personas que intentan huir de la realidad, ¿me equivoco? ¿Realmente crees que alivias a esa gente de su sufrimiento con eso? ¿Te crees que eres una salvación para ellos? Siéntate por favor, te voy a explicar por qué los humanos no son ni tan débiles ni tan deplorables como tú te crees. Obedece y siéntate ahí."

Yo, yo y yo.

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Traumatismo cráneoencefaloide con triple salto mortal a tercera escala sobre el monte más elevado de la azotea de mi casa. El bla bla bla de una lengua de papel mojado que tritura cualquier pensamiento pseudocoherente que vomita mi mente aun dormida por la (sin)razón. Me duele el alma de no poder mirarte a los ojos, ni a la bragueta. Oh cerveza desgraduada por el oxígeno que ensucia el aire, cuánta de esa sed que no se calma intentaste ahogarme. Puta desagradecida, yo intentándo acogerte en mis entrañas y tu empeñándote en abrirte paso por mi garganta, ¡egoísta! Click. Tick tack. Y demás palabrejas creadas para sustituir el idioma de los oídos, pero que tan bien quedan en los textos. O montones de palabras como éste. Quedan tan bien como ser feliz, como amar. Ojala fuera así de sencillo. Después de todo no hay mayor verdad que esa. Amar no es tan fácil como matar a alguien. Aunque quedamos mejor ante la "suciedad" siendo humanos, ¿no?

Derrame.

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Es simple. La realidad es una sombra que nos espera al final de un horizonte lejano. Y nosotros, extraños bajo el mismo azul, tenemos como meta el anhelo de un cielo imposible. Perseguimos los sueños tan rápidamente como éstos se disuelven en el océano. Ese espejismo nos susurra que podemos ser libres, espejismo que se convierte en desilusión cuando se ahoga con las olas de una egoísta ambición. Asustados, nos avergonzamos por la culpa que producen tantas preguntas que se esconden tras respuestas que no queremos oír. Se puede distinguir el asco del olor a confusión. Tumbados en el suelo empapados del vapor que se desprende de las sienes del mundo, las pesadillas se acercan, las nubes descienden. Arañamos paredes que nos resbalan de los dedos con la esperanza de conseguir dejar de destilar la paranoia que se filtra por la razón. Las sombras que se forman en la nada nos advierten del comienzo del nuevo día, pero me pierdo a mi misma porque vivir me da miedo. La conclusión final actúa a t...

Anti - Catódico

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A la mierda la televisión. Es hora de mantener limpias nuestras decisiones. Los sabios esperan su estallido contra el asfalto. Se repite. La misma vieja historia que se repite, se repite, y se hace mayor. A la mierda la televisión. Es hora de defendernos con un gran intermedio. Recréate en la retransmisión de tu propia señal. Se repite. La misma vieja historia que se repite, se repite, y se hace mayor. A la mierda la televisión. Renegados que miden la audiencia de la decadencia, no se preocupan por el contagio masivo de la ingnorancia. Se repite. La misma vieja historia que se repite, se repite, y se hace mayor. A la mierda la televisión. Desconecta los enchufes de la falsa ambición. Reinventa ahora tu nueva intuición. Se repite. La misma vieja historia que se repite, se repite, y se hace mayor.

Sobre el amor y la locura

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- ¿Entonces la cordura no tiene cura? - Claro que la tiene, basta con que haga lo mismo, pero de manera diferente, cada día durante el resto de esta última hora. - Acláreme eso último, por favor. - Por supuesto, es muy fácil. Deje los ojos en un cajón y saque el corazón a pasear, el verá por usted. Vuelva a saltar a la pata coja por los adoquines de las montañas y pise la hierba de las calles. Charle frecuentemente con la muerte, o con el orgullo si en ese momento está muy ocupada. Ya sabe, en este mundo de cuerdos... - Toda la razón del mundo señor... - ¿Ha escuchado atentamente todo lo que le he dicho? - Palabra por palabra. - Muy bien. Ahora olvídelo. Haga lo que le venga en gana, pero en ningún momento cometa una estupidez tan abrumadora que sea capaz de de atraparle eternamente en un limbo de promesas, sonrisas blancas y algodón de azúcar... - Ya...como enamorarme, ¿no es cierto? - Exacto

Annihilation.

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Esta porquería no sirve, sigo oyendo pasos. Y esos malditos jadeos no dejan de ladrarme al oído. ¿Son tambores de guerra eso que escucho? Ah no, sólo es mi corazón. Definitivamente esto da asco, pero este blanco es tan bonito y da tanta paz que no necesito nada más... Bueno, quizá estaría mejor si ese tipo de ojos blancos dejara de mirarme, pero bueno, yo maté a mi razón, es justo. Esto es...magnífico. Casi espiritual. Aah...silencio ensordecedor del final más horrible y absoluto. El autismo de los que, como yo, cedieron su ego a la vanalidad de la rendición. La satisfacción de la que pronto disfrutaré y todos disfrutaran conmigo. El placer del dolor y de la ira en mi propia carne, liberándome de ese aliento gélido y nauseabundo que desde hace tanto tiempo me respira en la nuca. Que armonía tan dulce la de esos golpes contra mi alma rasgando el último atisbo de supervivencia. Casi me hace llorar. En fin, supongo que pasaré un rato en este limbo, ahora que sólo mi racionalidad y yo tene...

Pánico.

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Sabes que no irás a ninguna parte. Permaneces inmóvil dentro de mi mientras tu mente vuela sobre mis ganas. Dices que me abrazarás por la mañana mientras me clavas alfileres en los ojos. Y navegamos por el techo bajo tus pies, encarando nuevos muros con manos rotas, mientras estás a miles de kilómetros de aquí. No creo que esto termine así como así. Hay arañas en las paredes que apestan a nada. Cabezas muertas descansan por las esquinas, a veces me miran y me hacen sentir mal. Intenté taparme los ojos con las manos, pero los agujeros de las palmas me dejaron encontrar el camino para arrinconarte. Cuchillas flotan en el vapor del baño. Las burbujas de tus venas vuelven mis manos negras. Se escuchan susurros desde la otra habitación, sabiendo que el limpiaventanas sigue espiando. Desayuno testarazos contra el alma, durmiendo al borde del sueño catatónico, hasta que las caras grises que salen del techo esnifan silencio, a pesar de los gritos. Siento una cuenta atrás dentro de mi, ya empie...

Anestesia.

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Una vez vi cómo la Luna, sentada en el cielo de la noche oscura, brillaba con la luz del Sol. El Sol no quería desperdiciar rayos en ella, pero la Luna creía que se lo debía, por suplir su sitio cuando quería bajar la guardia y descansar de tanto observarnos. Esa noche soñé con barras de bar llenas y con vasos vacíos. Era capaz de percibir el olor a fracaso y arrogancia que destilaban mentes anestesiadas de alcohol como la mía. Harta de beber sin sed, fumar sin humo y follar sin amor, me dediqué a vomitar verdades sobre una servilleta, y antes de romper a llorar de rabia al recordar porqué no me dejaste caminar tras de tí aquella tarde, desperté. Y aunque nada pare en este país del dolor, y aunque la cordura se haya dado cuenta de que ya no es parte del juego, el exterior está cambiando mientras el interior late de la misma manera, como aquellas palabras en la servilleta. Algún dia espero cerrar los ojos y fingir que esas palabras se han roto. Y todo podrá ser perfecto de nuevo.