Mientras bajaba la escalera con una frasecilla, no sé si de Los Rodríguez, o de Calamaro o de no se quién... "tengo frío, y estoooy lejooos de caaaasa" ...ronroneando en la cabeza pensaba: "el día que no me moleste en ponerme los zapatos para subir a la azotea, será el día en el que salte desde allí; total, ¿qué más dará que una suicida lleve zapatos o no?" De repente, el sentimiento de soledad, de ser un estorbo, la convicción de que nadie me espera en ninguna parte, fue más llevadera. Al volver a casa, la sensación era la misma. No quise abrir la puerta de la habitación y decir otra vez: "hola, me siento mal, he subido sola a la azotea, (quizá esperando a que te despertases y subiéses a buscarme) y he dudado en si saltar o no, ¡pero no he saltado! ¡No estoy loca! ¡Quiéreme!" Y no. ¿Para qué? ¿Serviría de algo? ¿Te serviría de algo? ¿Será eso lo que hace falta? ¿Otra situación límite que vuelva a enderezar las cosas? No sé que hago mal. No...