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Mostrando las entradas etiquetadas como alcohol

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Apoyar la frente enfebrecida en la cara oculta de la puerta. Desorbitar los ojos. Enumerar cuántas copas se han sacrificado, sin conseguirlo. Buscar una excusa creíble para semejante fracaso. Dibujar ésta noche. La de mañana. La siguiente. Las lágrimas de las paredes. Sentir cómo la soga se escurre del cuello, dejando sin más la presión de las manos. Apoyar la frente. Abandonarse.

Contra I.R.S. (Antipoesía)

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De qué serviría, digo yo, salir de esta casa, cambiar de piso, dejar atrás un pasado tan oscuro como aquella reputación (ahí es nada), cambiar las sábanas, pintar las paredes, renunciar a la vida de extremista si luego apareces tú, inútil, intrusa vestida con mi ropa, con tus manos frías y temblorosas, a beberte mi alcohol y ensuciar mi casa? Te acompañan las barras de los bares, las calles muertas de madrugada, y los ascensores de luz despreciable y esperanzadora que no soportas cuando llegas a casa, borracha, y te plantas frente al espejo con la cara destruida, con ojos todavía en el más allá, ojos que te niegas a cerrar por temor a morir. Y si te insulto, te ríes, me recuerdas el rollo que siempre he sido y dices que me sienta muy mal beber. Podría seguir hiriendo. Recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo desenfadado y pasota resultan enervantes cuando se llega a tus extremos de estupidez, y que tu encantadora sonrisa de chavala que todos quieren conocer, tus principios de ...

Más allá.

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Eres el único que me ha enseñado algo. Lo único que deberé recordar siempre. Pero lo he olvidado. Imagen

Fatiga (Antipoesía)

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Hay demasiadas cosas de las que preocuparse. Siempre las mismas, mas imprevisibles, siempre. Y nunca se termina, nunca. Y apenas se respira... Y además estás tú, el que jamás me mira. Y estoy yo, la que no sabe que la miran. Y mi madre mareando lo de siempre. Y la Iglesia predicando lo de siempre. Y la botella vacía como siempre. Y la incertidumbre golpeando donde siempre. Y a esto le llaman vida, a lo de siempre. También yo mataría, incluso a ti: me haces soñar sin tregua, no me dejas dormir. Clara Janés. Imagen

¿Esto qué es?

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Y qué chiquititos son los cuadraditos de la acera desde aquí! Metro setenta, casi ni eso. Oh amor! Amor, amor, amor, mi amor! Un beso al aire que no te llega. Esto que me pasa no tiene nombre y hay que ponerle uno. No? No. Cerveza. Ron. Absenta. Si, absenta. Oh amor! Amor, amor, amor, mi amor! Cuánto te echaré de menos dentro de un rato. ¿Quién eres tú? ¿Qué voy a hacer conmigo? Hombre de los océanos. Hombre de mis océanos. Sonríe un poquito, te juro que no duele. Oh amor! Amor, amor, amor, mi amor! El amor de mi vida! El verso inacabado! La lluvia que no termina! Mis alas de dolor robadas por tus manos, amor mío, corazón mío pintado de blanco. Y yo sin llaves de mi casa. Sin ganas de volver y sin...sin..? Oh amor! Amor, amor, amor, mi amor! ¿Dónde quedaba la orilla?

El Secreto

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Y mientras volvía a acercarle la jarra al camarero para que la llenase por una nueva última vez, siguió mascullando: - Hace años, cuando empezaba en esto, descubrí a una indigente en un parque. Una mujer con unos ojos preciosos que me dejaba fotografiarla a cambio de un par de monedas, a veces a cambio de simple compañía. Todos los días se sentaba en la misma esquina y lloraba. Un llanto resignado a esperar que algún día, como por arte de magia, su vida volviese y la rescatase. He tardado demasiado tiempo en entender que aquella mujer, era yo. Imagen

Honor al Alcohol

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Estando así de sobrio terminará por llevársete el tiempo.

Melalcoholía

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Llueve. Poca cosa, pero llueve. Y bebo. Van más de tres. Y de cuatro. Y llueve. Pero no pasa nada, no? Bebo. Y llueve. Nada tiene por qué ir mal. Pero bebo. Sin sed. Sin descanso. Llueve. Y no cae una puta gota del cielo. Bebes? Bebo.

Libación de Cebada (Antipoesía)

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Yo sé que la cerveza no huye dando gritos a la llegada del invierno, ni se esconde en iglesias tenebrosas a buscar gargantas entre vástagos derrumbados, sino que vuela sobre las ciudades, sobre el invierno que ha llegado ahora con un vaso vacío en sus manos heladas. Cuando bebo yo veo vagos sueños, yo reconozco lo que está lejos, y miro frente a mí, detrás de los cristales, reuniones de miradas ausentes. Me alimento de su espuma y sus raíces, lloro en su ausencia y en sus muertos, acompañada de poetas caídos en medio del invierno deshonrado. Subo escalones de humedad y sangre tanteando las paredes, y en la congoja del tiempo que no llega en un rellano me arrodillo y lloro. Y hacia bares sin salida me encamino vestida de gala imperecedera, hacia bodegas solas, hacia sueños, hacia botellas verdes que palpitan, hacia tabernas desinteresadas, hacia sabores de bilis y garganta, hacia ebrias mariposas. Entonces surgen los hombres de la cerveza vestidos de sudor y sonrisas, y sombreros de men...