Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Literatura

De cosas que duelen, hobbits y fuerza (de la de verdad)

Imagen
Hay momentos en los que no ves venir al monstruo.  Se esconde justo detrás de ese sitio tranquilo al que vas al dormir, donde descansas, donde todo es tan apacible, dulce y seguro que por fin, de verdad, por fin, bajas la guardia, te abrazas al amor de tu vida, y llega la paz. Las horas pasan, las justas para reconstituir el alma y seguir adelante. Entonces abres los ojos, y lo ves frente a frente. Mirándote a los ojos, tan tan tan cerca que eres capaz de leer su mente y escucharle decir "te voy a joder". Y lo hace. Te da donde realmente te duele, más allá de la ansiedad de no saber mantener el corazón en su sitio, más allá de la hipocondría absurda de que cualquier dolor de cabeza te va a provocar la muerte, más allá de la depresión que te mantiene el cuerpo atado a la cama. Le golpea a Él. Y le hace lo mismo que a tí. Revuelve su mente, le bloquea la voluntad, le pierde la mirada, la cabeza, el corazón. Y le incrusta el miedo donde más hace daño. En la conf...

Pulso

Imagen
Realmente esta mañana fue difícil, muy difícil, coserme la sombra a los pies. No podía. No lograba pegarla a mi vida. Quizá, no lo sé, sea momento... sí. Sea momento de cambiarla.

El Libro de las Preguntas.

Imagen
El libro de las preguntas es el libro de la memoria. A los obsesivos interrogantes sobre la vida, la palabra, la libertad, la elección, la muerte, responden rabinos imaginarios cuya voz es la mía. Las respuestas que da esta obra, dos amantes perdidos vendrán a leerlas; por mi parte, he intentado, al margen de la tradición y a través de los vocablos, recobrar los caminos de mis fuentes. Para existir se necesita primero ser nombrado; pero para entrar en el universo de la escritura, es necesario asumir, con el propio nombre, la suerte de cada sonido, de cada signo que lo perpetúan. De un idilio simple y trágico surge un canto de amor que es, a pesar de todo, canto de esperanza. Este canto ambiciona hacernos asistir al nacimiento de la palabra y, en dimensión más que real, a un ensanche del umbral del sufrimiento que ilustra una colectividad perseguida, cuyo lamento es retomado, era tras era, por sus mártires. Edmond Jabès. Imagen

Eloise to Abelard

Imagen
In these deep solitudes and awful cells, Where heav'nly-pensive contemplation dwells, And ever-musing melancholy reigns; What means this tumult in a vestal's veins? Why rove my thoughts beyond this last retreat? Why feels my heart its long-forgotten heat? Yet, yet I love! — From Abelard it came, And Eloisa yet must kiss the name. Dear fatal name! rest ever unreveal'd, Nor pass these lips in holy silence seal'd. Hide it, my heart, within that close disguise, Where mix'd with God's, his lov'd idea lies: O write it not, my hand — the name appears Already written — wash it out, my tears! In vain lost Eloisa weeps and prays, Her heart still dictates, and her hand obeys. Relentless walls! whose darksome round contains Repentant sighs, and voluntary pains: Ye rugged rocks! which holy knees have worn; Ye grots and caverns shagg'd with horrid thorn! Shrines! where their vigils pale-ey'd virgins keep, And pitying saints, whose statues learn to weep! Though col...

Hagamos un trato

Imagen
Compañera, usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos ni hasta diez sino contar conmigo. Si algunas veces advierte que la miro a los ojos, y una veta de amor reconoce en los míos, no alerte sus fusiles ni piense que deliro; a pesar de la veta, o tal vez porque existe, usted puede contar conmigo. Si otras veces me encuentra huraño sin motivo, no piense que es flojera igual puede contar conmigo. Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted, es tan lindo saber que usted existe, uno se siente vivo; y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco. No ya para que acuda presurosa en mi auxilio, sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo. Mario Benedetti. Hasta siempre, maestro.

El Desposeído.

Imagen
No son mías las palabras ni las cosas. Ellas tienen sus fiestas, sus asuntos que a mí no me conciernen, espero sus señales como el fuego que está en mis ojos con oscura indiferencia. No son míos el tiempo ni el espacio (ni mucho menos la materia). Ellos entran y salen como pájaros por las ventanas sin puertas de mi casa. Alguien habla detrás de esta pared. Si cruzara, sería en la otra estancia: el que habla soy yo, pero no entiendo. Tal vez mi vida es una hipótesis que alguno se cansó de imaginar, un cuento interrumpido para siempre. Estoy solo escuchando esos fantasmas que en el crepúsculo vienen a mirarme con ansia de que yo los incorpore: ¿querría usted negar, sufrir, envanecerse? No es mía, les respondo, la mirada, negar sería espléndido, sufrir, interminable, esas hazañas no me pertenecen. Pero de pronto no puedo disuadirlos, porque no oigo ya mi soledad y estoy lleno, saciado, como el aire, de mi propio vacío resonante. Y continúo diciéndome lo mismo, que no tengo ninguna idea de...

Conocí a un genio

Imagen
Hoy conocí a un genio en el tren, como de seis años de edad. Se sentó a mi lado y, mientras el tren corría por la costa, llegamos al océano. El niño me miró y me dijo: "El mar no es nada bonito". Fue la primera vez que me di cuenta de ello. Charles Bukowski
Imagen
Florentino Ariza la espiaba maravillado, la perseguía sin aliento, tropezó varias veces con los canastos de la criada que respondió a sus excusas con una sonrisa, y ella le había pasado tan cerca que él alcanzó a percibir la brisa de su olor, y si entonces no lo vio no fue porque no pudiera, sino por la altivez de su modo de andar. Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa. No había perdido un gesto suyo, ni un indicio de su carácter, pero no se atrevía a acercársele por el temor de malograr el encanto. El Amor en los Tiempos del Cólera. Gabriel García Márquez
Imagen
La cámara es un aparato simple, hasta el más inepto puede usarla, el desafío consiste en crear con ella esa combinación de verdad y belleza que se llama arte. Esa búsqueda es sobre todo espiritual. Busco verdad y belleza en la transparencia de una hoja en otoño, en la forma perfecta de un caracol en la playa, en la curva de una espalda femenina, en la textura de un antiguo tronco de árbol, pero también en otras formas escurridizas de la realidad. Algunas veces, al trabajar con una imagen en mi cuarto oscuro, aparece el alma de una persona, la emoción de un evento o la esencia vital de un objeto, entonces la gratitud me estalla en el pecho y suelto el llanto, no puedo evitarlo. A esa revelación apunta mi oficio. Mediante la fotografía y la palabra escrita intento desesperadamente vencer la condición fugaz de mi existencia, atrapar los momentos antes de que se desvanezcan, despejar la confusión de mi pasado. Cada instante desaparece en un soplo y al punto se convierte en pasado, la reali...
Imagen
Esa noche descubrió algunas de las múltiples posibilidades del placer y se inició en la profundidad de un amor que habría de ser el único para el resto de su vida. Con toda calma fue despojándola de capas de temores acumulados y recuerdos inútiles, la fue acariciando con infatigable perseverancia hasta que dejó de temblar y abrió los ojos, hasta que se relajó bajo sus dedos, hasta que la sintió ondular, abrirse, iluminarse; la oyó gemir, llamarlo, rogarle; la vio rendida y húmeda, dispuesta a entregarse y a recibirlo a plenitud; hasta que ninguno de los dos supo ya dónde se encontraban, ni quienes eran, ni dónde terminaba él y comenzaba ella. La condujo más allá del orgasmo, a una dimensión misteriosa donde el amor y la muerte son similares. Sintieron que sus espíritus se expandían, que los deseos y la memoria desaparecían, que se abandonaban a una sola inmensa claridad. Se abrazaron en ese extraordinario espacio reconociéndose, porque tal vez habían estado allí juntos en vidas anterio...
Imagen
Te daré sólo un segundo para que me olvides. No quiero que te preocupes por mis arrugas ni que te molesten todas mis tendencias suicidas. Estoy mal, sí, pero podría estar peor. De hecho quiero estarlo y volver a ser lluvia, para sentir que tengo razón en mis propias apreciaciones y ser el que controla mi rabia y melancolía, sin ser un estorbo para ti o cualquiera, y poder terminarlo todo sin que a nadie le importe. Porque tú me importas y no me lo puedo permitir. Hacerte sufrir no es parte de mi plan invisible que pretende mantener mi pobreza psicológica, como el que aguanta una borrachera caducada pretendiendo alcanzar las cotas de experiencias pasadas. No me gusta, créeme, pero a la vez me hace feliz. Se que soy un cobarde y que me escondo cuando me señalan, pero no puedo evitarlo. Igual que cuando te miro y tu me miras, sabes que mi corazón también te mira, pero no puedo dejar de pensar en los cambios y lo que ellos significan para una persona como yo, puesto que a veces uno es mas ...
Imagen
... El pelo rubio de Duddits, tan bonito. Su llanto les había dolido, se les había clavado en la cabeza, como un cuchillo desafilado, ¡pero qué felices les hacía su risa! Oyendo reir a Duddits Cavell, volvían a creerse los cuentos chinos de toda la vida: que era buena la vida, que tenía sentido vivir, tanto de niños como de adultos. Que, además de oscuridad, había luz... El Cazador de Sueños. Stephen King.

Carta Al Padre.

Imagen
Nunca he podido entender tu absoluta insensibilidad al dolor y la vergüenza que podías causarme con tus palabras y tus juicios. Era como si no fueras consciente de tu poder. Es cierto que yo también te ofendí a menudo de palabra, pero siempre lo reconocía después. Me dolía, mas no era capaz de dominarme, no podía ahogar la palabra aunque ya estaba arrepentído en el momento de pronunciarla. Pero tu lanzabas tus palabras sin rodeos. Nadie te conmovía, ni en el momento de pronunciarlas ni después. No era posible defenderse de ti. Franz Kafka.