
Estás contra mi pecho,
y sé que todo el aire desordenado
de mi vida
rinde ante ti su voluntad, cariño mio.
Recuperas mi alegría
y la apuntalas a tu modo
en el mundo.
Y eres el único que recorre
el delicado y absurdo ritmo
de las paredes de mi vida,
sin tocarla.

La cámara es un aparato simple, hasta el más inepto puede usarla, el desafío consiste en crear con ella esa combinación de verdad y belleza que se llama arte.
Esa búsqueda es sobre todo espiritual. Busco verdad y belleza en la transparencia de una hoja en otoño, en la forma perfecta de un caracol en la playa, en la curva de una espalda femenina, en la textura de un antiguo tronco de árbol, pero también en otras formas escurridizas de la realidad. Algunas veces, al trabajar con una imagen en mi cuarto oscuro, aparece el alma de una persona, la emoción de un evento o la esencia vital de un objeto, entonces la gratitud me estalla en el pecho y suelto el llanto, no puedo evitarlo. A esa revelación apunta mi oficio.
Mediante la fotografía y la palabra escrita intento desesperadamente vencer la condición fugaz de mi existencia, atrapar los momentos antes de que se desvanezcan, despejar la confusión de mi pasado. Cada instante desaparece en un soplo y al punto se convierte en pasado, la realidad es efímera y migratoria, pura añoranza.
Con estas fotografías y estas páginas mantengo vivos los recuerdos.
Retrato en Sepia.
Isabel Allende.
Me he enamorado de este libro...
Am.arTE

¿No oyes sus jadeos?
Cada vez los oigo más cerca,
sola,
contigo,
en medio del verano,
entre los gritos de la multitud,
en invierno,
sin miedo al frío,
cuando el mar,
cuando llegas,
cuando estiro la mano
hacia tus rojos frutos palpitantes.
Está ahí,
al acecho,
espera.
Tú no la ves,
sonríes,
sonrío yo también.
Déjame besarte,
comerte
una vez más,
hasta que su aliento
nos alcance.

Esa noche descubrió algunas de las múltiples posibilidades del placer y se inició en la profundidad de un amor que habría de ser el único para el resto de su vida. Con toda calma fue despojándola de capas de temores acumulados y recuerdos inútiles, la fue acariciando con infatigable perseverancia hasta que dejó de temblar y abrió los ojos, hasta que se relajó bajo sus dedos, hasta que la sintió ondular, abrirse, iluminarse; la oyó gemir, llamarlo, rogarle; la vio rendida y húmeda, dispuesta a entregarse y a recibirlo a plenitud; hasta que ninguno de los dos supo ya dónde se encontraban, ni quienes eran, ni dónde terminaba él y comenzaba ella. La condujo más allá del orgasmo, a una dimensión misteriosa donde el amor y la muerte son similares. Sintieron que sus espíritus se expandían, que los deseos y la memoria desaparecían, que se abandonaban a una sola inmensa claridad. Se abrazaron en ese extraordinario espacio reconociéndose, porque tal vez habían estado allí juntos en vidas anteriores y lo estarían muchas veces más en vidas futuras. Eran amantes eternos, buscarse y encontrarse una y otra vez era su karma.
Retrato En Sepia.
Isabel Allende.

Sí, si tú fueras hoy la de ayer, la de no conocerte, la de volver a creer que tenías tanto interés por saber que era yo, “la nueva”. Y que tras pensar lo que siempre había conseguido con unas palabras hacía los demás, llamar la atención, llamar la atención por primera vez para que me hicieras caso…Me diste a entender mil imágenes que se proyectaron en mi cabeza, mil momentos que nunca llegarían a ser, mientras a voces de grito sonaba tu primera canción en mi habitación y relacionaba tu voz con tus gestos, tus ojos con tus “besos”...
Llevaba echándote de menos desde siempre, pero siempre se convirtió poco a poco en el “nunca” del tenerte. Y todo se envolvió pronto de un frío húmedo que no llegué a comprender jamás. Sé que posiblemente fue un error y lo sentí; aún así, todo siguió igual. Sólo quería conseguir algo, cuyo significado nunca entenderás. ¡Quedó tanto por escribirte tantas veces!
Sí, si tú fueras hoy la de ayer, la de no conocerte, la de volver a creer que tenías tanto interés por saber que era yo, “la nueva”, nunca hubiera intentado llamar la atención con unas palabras.
Patricia Postigo Páez.
Me ha costado demasiado llegar hasta aquí.
Siento mucho que no llegasemos a conocernos, al menos tanto como tú te merecías. Pero pronto iré a verte, por fin! Aunque las circunstancias no sean las que dijimos una vez.
Te echamos de menos.
Gracias Patritxu =)
Break The Cycle.
Casi (Antipoesía)

En fin.
Creo que no he vivido nada.
No sé qué es una guerra,
no he pasado hambre,
no he matado a nadie.
Es como decidir,
¿reflexionar o vivir?
¿Observar desde el palco
o participar en el milagro?
Vivo de pedacitos, de poco a poco,
pero aspiro la totalidad.
Como pedirle a la vida
que me revele los espacios absolutos
y la nada.
Pero vengo de soledades,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de nubes que llegaron un día y al final se fueron.
Qué poco he vivido.
Me duele la ignorancia,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer.
Pero me gusta escribir de vez en cuando,
la cerveza helada y el café bien caliente.
Respiro mejor cuando me entrego.
Me gusta cuando refresca las tardes de verano
y los ratos de sol en invierno.
Me gusta cogerte de la mano
y sentir que mi vida palpita al mismo ritmo que la tuya,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
de tí,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.
Aire

Si algo me gusta, eres tú.
Recrearme con tu cuerpo sobre la cama,
hablar contigo como un hermano más,
perdernos por las calles
por el placer de pasear juntos,
y, sobre todo,
sonreír de lejos a los árboles.
También me gusta el olor a tierra mojada.
pero muchísimo más tus manos.
Besar tus labios,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar cerveza helada
como si fuera el agua más pura.
Todo lo que sea salir de casa,
el alivio de estornudar en primavera,
llegar a casa huyendo de las calles
y encontrar el abrazo de tu sonrisa.
Salir de esta espaciosa y triste cárcel de libertad,
aligerar los ríos y los soles,
los dias y las horas,
atarme a tu rutina,
y aire, aire, aire.
Cansancio (Antipoesía)

Es como si bebiera largos tragos de océano,
pócimas de tonterías,
brisa, arena, porquería.
Es un cuento más,
otra antipoesía.
Piso el suelo con bocados de ansiedad
y me lleno de sustos el cuerpo
Repito en larguísimo silencio, sin brusquedad
y taconeo deslizándome sin prisa
por las avenidas del desierto
buscando un "no se qué",
aquello que no se nombra porque no se sabe,
por miedo a gastar, y acaparar la hora del TÉ.
Por eso,
gran parte del día
elijo ponerme bajo una sombra.
La que sea,
a estas alturas,
la que sea.
Ya (Antipoesía)

Ahora mismo,
sin embargo,
o alguna vez,
no sé,
quién sabe,
puede ser,
a través
de las dobles ventanas
que cierran
la entrada de tus ojos,
o acaso
suspendido
por un error de siglos
en la incertidumbre del instante,
creí verte surgir
como una estrella entre nubes,
o un acantilado
en el que alguien canta.
Y no sobra
ni un solo temblor
que haga sobresaltar tus manos.
Hemos hablado demasiado del silencio.
Lo hemos elevado
lo mismo que el firmamento a la Luna,
como si en él yaciera
el triunfo del vocablo con la lengua cortada.
Sólo con la osadía
de los que se dejan descubrir
por el amor.
La Tristeza (Antipoesía)

No te asustes por mí,
ya se que nunca me habías visto tan triste.
No te preocupes,
volverá pronto a florecer intacta la sonrisa.
Me has descubierto a solas con la pena
y preguntas el porqué.
¡Si no hay motivo!
Cuando menos se espera,
el aguacero cae
sobre la tranquila piel del día a día.
No temas, no te aflijas,
no hay secreto, mi amor, que nos separe.
La tristeza es casi dulce, casi necesaria,
para llevarla lenta y suavemente.
No te quejes de mí.
No le pedí que viniera
y quiso acariciarme.
A veces nos es necesario,
pues a ti también te pasa,
escuchar los pasos del silencio
y sentir la tristeza de otros muchos
que no tienen amor ni compañía.
Me cansa

Me cansa.
El cuerpo y el alma
me cansa.
Me cansa
deshacerme de las miradas
que duermen en mi nuca.
Me cansa.
No más inercia que acurrucar.
No más hermandades que sacrificar.
No más falsedad de unión.
Me cansa.
¿Qué clase bestia
espera la caída del cielo
a sabiendas del daño,
llorando por una soledad que nadie le ha impuesto,
queriendo salvarse?
Me cansa.
Lo difícil
es caminar por las calles
y señalar el cielo o la tierra
y decir "es mio"
Me cansa.
La mano del interesado,
la memoria de un loco,
la tristeza de un niño,
la mano que busca el vaso,
el vaso inalcanzable,
la sed de siempre.
Me cansa.
Algún dia...

Algún día
te escribiré un poema
que se limite
a pasar los dedos
por tu piel
y que convierta
en palabras
tu mirada.
Sin comparaciones,
sin metáforas.
Algún día
escribiré un poema
que huela a ti,
un poema
con el ritmo
de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema,
el canto de mi dicha.
Darío Jaramillo.
Tratado de los gestos (Antipoesía)

Algunos gestos son como navajazos, llenos de furia, listos para que el aire se ilumine y la distancia miserable separe a los hombres de la vida.
Otros son aún más rápidos, una ráfaga, un brillo, un chasquido de luz. Son para dar confianza a la piel, para que no se nos olvide la caricia más tenue.
Muchos parecen sin sentido pero tienen su truco, secretos impensables, decididas nostalgias, temor a que la distancia los niegue, o peor, los devore.
La mayoría de los gestos no son más que sustancia, blancura, milagro, carne, existir.
Debéis tener a mano siempre vuestro gesto. No lo perdáis de vista por si os es necesario para pensar, amar, decir quienes sois. Para reconoceros, entregaros, ocupar vuestro lugar en el escenario del mundo.
Como cuando reposa el índice en los labios, sabedor de los besos y el silencio, como cuando damos la espalda y nos vamos, doble gesto de "adiós" o "sígueme".
Como cuando se arroja un guante o se tira la toalla, soberbio desafío o rendición, escenario de pasión y de gritos, lugar de amor o locura.
Como cuando nos despedimos rozando el aire con la mano, desafiamos al espejo con los dientes o entornamos los ojos para ver más allá.
Encogerse de hombros es todo un recital de valentía, de ignorancia, de resignación.
Son tantos los gestos que nos rodean...
Apartar el flequillo de los ojos para que no oculte la tristeza ni los deseos, acurrucar los dedos en los bolsillos de tu pantalón, mirar al fondo de vidrio de la copa de turno, la que sea.
Unos gestos ayudan, otros duelen.
Algunos queman como el ácido, otros dejan los ojos tristes, la memoria tensa.
Los hay que alegran y los hay terribles. A veces todo al mismo tiempo, como un beso tirado en el vacío, o una voz que se agita reclamando, riñendo, llorando, amenazante o protectora.
Tender la mano a un niño, "ten cuidado", para que logre cruzar la vida
o la calle con la palma rígida y nuestro miedo innato.
Humedecer los labios, lo que siempre nos despertó el deseo. Girar el cuello para morderte el alma.
Ir pasando las páginas de un libro, sin leer, sin saber cómo.
Suspirar levemente cuando empieza tu canción.
Puño alzado o mano tendida, caricia o bofetada, movimiento o quietud, insinuación u olvido.
Toser antes de hablar, quitarse una pelusa de la ropa y hacer con ella animales fabulosos, frotar donde el vacío de las gafas, dar golpecitos en el volante, en la mesa, en la rodilla del impaciente.
Los gestos son los que sujetan el mundo.

Te daré sólo un segundo para que me olvides.
No quiero que te preocupes por mis arrugas
ni que te molesten todas mis tendencias suicidas.
Estoy mal, sí, pero podría estar peor.
De hecho quiero estarlo y volver a ser lluvia,
para sentir que tengo razón en mis propias apreciaciones
y ser el que controla mi rabia y melancolía,
sin ser un estorbo para ti o cualquiera,
y poder terminarlo todo sin que a nadie le importe.
Porque tú me importas y no me lo puedo permitir.
Hacerte sufrir no es parte de mi plan invisible
que pretende mantener mi pobreza psicológica,
como el que aguanta una borrachera caducada
pretendiendo alcanzar las cotas de experiencias pasadas.
No me gusta, créeme, pero a la vez me hace feliz.
Se que soy un cobarde y que me escondo cuando me señalan,
pero no puedo evitarlo.
Igual que cuando te miro y tu me miras,
sabes que mi corazón también te mira,
pero no puedo dejar de pensar en los cambios
y lo que ellos significan para una persona como yo,
puesto que a veces uno es mas que eso: es un conjunto.
Cuando la costumbre le hace pensar en su eterna soledad
pero no mas lejos de lo que le rodea: tu realidad
Me entristece pensar que haya quien aún se preocupe por mi
cuando yo ya dejé de hacerlo en un momento en que no existía tal,
y ahora no encuentro la forma de huir de la novedad
que quiero y se que es lo mejor que he tenido o tendré,
pero que me recuerda aquel lugar abandonado a su suerte permanente
y que desea el daño para no tener quien le espere.
Antonio Hervás Muñoz.
4 de Marzo

El tiempo está harto
de que no comprendamos su supremacía,
de ver como enloquece nuestra sangre
con el simple movimiento de nuestros labios,
en este laberinto de nuestros brazos
que gobierna la piel,
obligando al dolor a ser mero espectador.
Pero llueve,
aunque la lluvia no lo borra todo
siempre llueve,
y si se almacena un resto de cordura y palabras,
que sea al fondo del todo,
por las alcantarillas más profundas,
detrás de cada tarde con cervezas en un banco de piedra,
sin paraguas oscuros
ni más luz que la que dan tus ojos.
Cuando cerramos las páginas de nuestro libro,
donde siempre anoto tus milagros en mí
escribimos en rojo
sobre la miserable sombra del sueño:
Si el Sol no te deja ciego al despertar es que no ha amanecido completamente.
Siempre es el tiempo

A veces me apetece
escribir para un tiempo
en el que no esté para nadie,
y en el más favorable de los casos
seré una imagen en una pared,
una máscara de polvo
maquillando los libros de alguna estantería.
Escribir para un siglo,
si es que llega,
más brillante, más pleno.
Hacer que las palabras
y las imágenes de un pasado reciente
naveguen al futuro
como si fuesen barcos de papel
que han sobrevivido al naufragio del tiempo.
Escribir por si alguien, algún día,
tiene un dolor de corazón idéntico
o sufre una alegría semejante,
y encuentre consuelo.
Lo más difícil...

Lo más difícil
es que el corazón
sobrevuele el océano
sin heridas,
que el tiempo
tenga besos suficientes
para no echarlos de menos.
Lo más difícil
es que las fotografías
quemen sin abrasar
y que las horas muertas,
acaricien sin hacer daño.
Lo más difícil
es que la rutina
sirva para tejer
una canción de cuna
que adormezca y abrigue
las intenciones sin alma del olvido.
Lo más difícil es que nuestros versos
mezcan tiernamente nuestros recuerdos,
sin sangrar,
sin hacer de la vida cotidiana un esperpento.
El resto es siempre fácil,
sucede simplemente.
Te Quiero (Antipoesía)

Cuando alguien pronuncia esas palabras
todo se paraliza.
Los problemas más graves
no duelen tanto.
Las palabras se duermen
en los ordenadores.
Las estrellas imperturbables
bajan del pedestal,
beben, juegan a las cartas
y pierden la compostura.
Algo queda en suspenso,
quizás sea la vida
o cualquier cosa de similar importancia.
Cuando alguien las pronuncia,
todo comienza a clarear.
Y da lo mismo que la Luna se olvide de mirarnos,
que la cena esté fría,
o que la lluvia nos empape el alma.
Da igual,
para entendernos,
que el viento de abril traiga la brisa de octubre,
que tengan más de un ojo el huracán.
Da igual que después te calles
y que yo no conteste.
Es una locura amar, a menos que se ame locamente.
Jean Ythier


