
No se trata de hablar,
ni tampoco de callar.
Se trata de abrir algo,
encontrar una salida,
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
quede esa salida al descubierto,
como una esperanza sin llanto.
Y tal vez, sólo tal vez,
constituya un toque de atención
para este silencio ilimitado
donde poco a poco nos hundimos.
Así, no (Antipoesía)
Hasta Mañana (Antipoesía)

Me vais a perdonar,
pero es ya la hora
de esconderme en el alma.
Una día como éste
tiene demasiada luz.
¿Cuánta palabra hubo?
¿Cuánto agobió la incertidumbre?
El camino quedó como camino.
Tierra, piedra y barro.
Y tú, amor que pierdo un poco cada día,
¿volverás después de esta mañana?
¡Cómo duelen las cosas cotidianas!
Hasta mañana. Mi pecho no os resiste.
Vuestra melodía me hace daño,
¡y hay tanto que esperar en el silencio!
Mañana, aunque no quiera Dios, será otro día.
Otra cosa

Dicen que finjo o miento
sobre lo que escribo.
No existe tal cosa.
Simplemente, siento imaginando.
No uso las cuerdas del corazón,
roídas por el tiempo, se romperían.
Por imaginar que siento
todo cuanto sueño o pierdo,
lo que cae o muere en mí,
es como otros ojos que miran
hacia otra cosa más.
Esa cosa me arrastra.
Y así escribo en medio
de la vida, el aire, nosotros.
Libre de mi propia confusión,
preocupada por no preocuparme.
¿Sentir?
Ojalá supiera lo que eso significa.
Nunca necesité ayuda de los peces

Nunca necesité ayuda de los peces
para buscar corrientes frías.
Esto debe ser el peso del mundo
lo que aplasta mi cordura
y destroza mis huesos.
Nunca necesité ayuda de los peces
para aprender a respirar sin aire
¿por qué ahora iba a ser diferente?
El tiempo sigue descontando
y la vida me recuerda lo mismo de siempre.
Nunca necesité ayuda de los peces
porque nunca pedí ser pez.
El agujero, igual de vacío.
No habrá patrón, ni motivo para crearlo.
Ni corrientes cálidas, ni burbujas de fe.
Nunca necesité ayuda de los peces...
Una Sola Puerta

Una sola puerta
de tres, abierta.
Una sola puerta.
Enfrente, la montaña.
Pasa la nube inmensa
toda suya, todo suyo.
Huracanes de vientos,
lluvia andante semiparalela
y en todo el monte
funerales alegres naturales
de hojas muertas.
Los cabellos terráqueos
danzan todos iguales
al son de trompetas invisibles
que vienen de los mares.
Llegó el otoño,
llegó la muerte
mas no para todos.
Hoy morirán hojas y animales,
mas no morirán para siempre.
Son ciclos de estaciones naturales
y en su transformación de mañana
darán más calor,
a la tierra de su muerte,
pasado mañana, brotes de esperanza.
Y yo no me he muerto.
Me alegro de la lluvia y me alegro del viento.
Si tengo frío me caliento.
Si tengo miedo, que no lo tengo,
susurro y pienso. Y para mañana
ya me he comido mi pequeña razón de esperanza.
Una sola puerta
de tres, abierta.
Una sola puerta, inmensa.
Manolo Chinato.
Dia Perfecto

- Hace un día precioso. Brilla el Sol en lo alto, me siento bien, y nadie podrá estropearlo. Porque hoy brilla el Sol en lo alto, y nadie podrá estropearlo, porque me siento bien.
Se que a veces me sentí triste, muy triste, tan triste que...bueno. Pero nadie va a estropearlo, porque me siento bien, y brilla el Sol en lo alto.
Palabras de un desesperanzado frente al espejo. Tan desesperanzado que ni siquiera pudo intentarlo.
Flor de Loto

Nunca quise tanto a nadie en mi vida
nunca a un ser extraño le llamé mi familia
nunca tuve fe en mi filosofía
nunca tuve yo ni gurú ni guía
nunca desprecié una causa perdida
nunca negaré que son mis favoritas
nunca una llama permanece encendida
nunca aguanté su calor
nunca más de un día
nunca soporté ser un alma invadida
hasta que vi frente a mí por quién yo moriría
Héroes del Silencio.
El Muro

Día tras día levanté, sin descanso, este muro a mi alrededor; y a medida que sube al cielo, se me esconde la vida en la sombra oscura.
Este hermoso muro es mi orgullo, y lo adorno con cal y arena, no vaya a quedar el más leve resquicio.
Y con tanto y tanto cuidado, pierdo de vista el porqué empecé a levantarlo.
Fin (Antipoesía)

¿Fue todo realidad?
¿Es hora de cerrar el libro?
Es mejor dormir eternamente
y no ver sueño alguno.
Otra vez la calle.
Otra vez la cortina echada.
Otra vez todas las noches,
el paseo, la Luna, los lamentos,
ahora, y en adelante.
Las hojas en octubre
ven en sueños silencios y sombras.
De pronto despierta la realidad
ante el canto de un perro.
Y aparece un gigante,
y otro.
Unos pasos. "Aquí hay otra".
Hasta el suelo torturaba contigo.
Otoño.
Cuando llueve, cada gota
quiere huir al mar.
Culminación del dolor.

Oigo incluso
cómo ríen las montañas,
arriba y abajo de sus azules laderas.
Y abajo en el agua
los peces lloran,
y toda el agua
son sus lágrimas.
Oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj.
Se vuelve pomos en la cómoda,
se vuelve papel sobre el suelo,
se vuelve calzador,
ticket de lavandería,
se vuelve
humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas...
Poco importa.
Poco amor,
o poca vida.
No es tan malo.
Lo que cuenta
es observar las paredes.
Yo nací para eso,
nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.
Charles Bukowski.
Ya no llueve (Antipoesía)

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enfade la felicidad por haberla olvidado.
Que me olviden los muertos que se han olvidado de mi.
Que me disculpe el tiempo por todo el tiempo que ha pasado.
Que me disculpe mi antiguo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, malos pensamientos, por no seguiros a rajatabla.
Perdonadme, heridas abiertas, por seguir hurgando.
Que me disculpen los que me llaman desde lejos, y no parezco oír.
Que me disculpen mis compañeros por los bostezos a las ocho de la mañana.
Perdóname, esperanza perdida, por extrañarte a veces.
Perdonadme, mares y mareas, por no saber ahogarme.
Y tú, mi vida, hace tiempo el mismo, en esta misma vida,
sereno, mirando fijamente el mismo punto siempre,
perdóname, nunca pude seguirte.
Que me perdonen los árboles por mi mesa de madera.
Que me perdonen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, noble sentimiento de amor, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de obligarte a no ser.
Perdonadme todos por no saber estar en todas partes.
Perdonadme todos por no saber ser una de vosotros, o vosotras.
Sé que mientras viva nada me justifica,
porque yo misma me lo impido.
Voz, no te preocupes por no saber usarte para explicarme,
las palabras no sirven para nada.
Oda al amor secreto (Antipoesía)

Tú sabes
que no adivinan
el misterio.
Me ven,
nos ven,
y nada
se ha dicho.
Ni tus ojos,
ni tu voz,
ni tu pelo,
ni tu amor han hablado.
Y lo saben
de pronto,
sin saberlo,
lo saben.
Me encojo de hombros
y camino
hacia otro lado,
y saben
que me esperas.
Alegre,
viva
y canto.
Y sueño,
segura
de mí misma.
Y sé,
de algún modo,
que tú eres mi alegría
y que te alegro la vida.
Ven
a través de mis pequeños ojos
las llaves
de tu sonrisa,
las llaves
del papel,
de la luna
en el rocío,
el canto en la cascada.
Tú, sin abrir la boca,
despistado.
Tú, cerrando los ojos,
convencido.
Tú, custodiando
entre la hojarasca seca
un lazo azul.
El vuelo
de un escondido corazón.
Y entonces
una sílaba,
una gota
del cielo,
un sonido
suave de sombra y polen
en la oreja,
y todos
lo saben,
amor mío.
Circula entre los hombres
en las calles,
junto a las nubes
arriba
en el cielo,
y vuela
con las aves
que nos envidian.
Déjalo
que se vaya
volando
por los cielos plácidos.
Que asuste
a la lluvia
a los muros,
que vaya y vuelva
y salga
con las nuevas
flores de la primavera.
Tiene
tierra,
raíces,
y arriba
una una sonrisa,
tu boca,
una sonrisa.
Todo.
Nuestro secreto,
nuestra clave,
palabra
oculta,
sombra,
murmullo,
eso
que alguien
dijo
cuando no estábamos presentes,
es sólo una sonrisa,
una sonrisa.
Amor,
amor,
amor,
llama
invisible,
clara,
¡quemadura!
y amor.
Carta

Estás lejos y al sur,
allí son poco más de las nueve.
Recostado en tu sofá,
mal sentado en esa silla
de tu cuarto,
tirado en una cama,
la tuya o la de alguien.
Estoy pensando en ti ya hace una hora,
tal vez media,
no lo sé.
Cuando la luz se acabe
y sean aquí las nueve
estiraré la colcha,
me cambiaré de camiseta,
y me recogeré el pelo, o no.
Iré a beber,
eso esta claro.
Pero en algún momento
volveré a este cuarto,
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo...
qué digo,
mi deseo de verte,
que me mires
tu presencia que me falta en la vida,
se pondrán
como ahora el Sol se pone en la tarde,
que ya es la noche,
a ser la sola única cosa
que me importa en el mundo.
Llamada Vida (Antipoesía)

Mantenerse al margen,
llegar tarde,
cantar a pulmón.
Menoscabarse en vano,
anular voluntades,
evitar cataclismos.
Acompañar la soledad,
no negarse a la ausencia,
remansarse en la nada.
Ir de lo ceñido a lo amplio,
desde lo opaco hasta la luz,
de los celos al amor libre.
Ofrecerse al calor del día,
sin morir una hora tras otra,
y volver a comenzar cada noche.
Volar de lo distinto a lo idéntico,
admirar miradores y sótanos,
infligirse, penarse, consentirse.
Estar en busca de tu alma parecida
preparar un milagro entre la sombra
y llamar vida a lo que sabe a muerte.
Amor Eterno

Da miedo, a veces, encontrarse con que el camino cae en picado y que hay que bajar agarrándose con las uñas de las rocas.
Cuando esto pasa, no se puede sino aconsejar que a cien metros del suelo se suelten las manos.
La caída es impresionante: el cuerpo se ha hecho eterno; lo atraviesan alisios, hojas de eucalipto y menta, el viento del sur; riachuelos, algas, espuma del mar, hilos de lluvia, alguno de tus besos, copos de nieve...
Estos últimos, al fin, se solidifican en la realidad al caer, para luego estallar con violencia sobre tus sueños, que aparecían sonrientes tras la trayectoria vertiginosas de tus cabellos al caer.
Luego nos sorprendería el golpe. O no. Pero ese es otro tema.
Olvidado

¿Cuándo vi por última vez
los redondos ojos azules
y los cálidos y largos brazos
del amor, la ilusión y la vida?
Las brujas hurañas como yo,
admirables, nobilísimas,
con sus escobas y sus lágrimas,
sus coléricas lágrimas,
se fueron.
Se acabaron los sacros lamentos de las nubes,
sólo me queda un amargado don.
La heroica madre Luna se perdió en el destierro,
y con sólo veintiún años
he de sufrir la timidez del Sol.
Confieso que he vivido.

Estas memorias o recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. La intermitencia del sueño nos permite sostener los días de trabajo.
Muchos de mis recuerdos se han desdibujado al evocarlos, han devenido en polvo como cristal irremediablemente herido.
Las memorias del memorialista no son las memorias del poeta. Aquél vivió tal vez menos, pero fotografió mucho más y nos recrea con la pulcritud de los detalles. Éste nos entrega una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su época.
Tal vez no viví en mí mismo; tal vez viví la vida de los otros.
De cuanto he dejado escrito en estas páginas se desprenderán siempre -como en las arboledas de otroño y como en el tiempo de las viñas- las hojas amarillas que van a morir y las uvas que revivirán en el vino sagrado.
Mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta.
Pablo Neruda.
"De este largo viaje hacia la lluvia"

Dame la mano, amor, que no podemos
descansar todavía.
Tendrás que recorrer conmigo el tiempo;
mira cuánta distancia hasta la nieve,
cuántos copos de tierra
para olvidar los ojos del pasado
y encontrar el mañana
con un beso en la boca.
Ya sé que estás herido;
que te fatiga
atravesar la noche
y tienes miedo
de que, al final,
nos aguarde tan sólo la tristeza.
Ya sé que te rendiste
muchas veces al sol que deshidrata
todos los corazones;
pero yo te he salvado
trayendo un fresco arroyo hasta tus venas.
Si no puedes con todo
te llevaré en los brazos.
Has visto que soy fuerte
y que puedo arrasar todo el abismo.
Mataré los jaguares si se atreven
a acercarse a nosotros.
Antes de que emprendiéramos el viaje
cogí todas las armas
que tú me regalaste
y me mentalicé para la lucha.
Puedo con el desdén de las anémonas,
con la desilusión
de todos los reptiles,
con la envidia mortal del aguacero.
Apóyate en mi hombro.
A mí nada me agota,
ni siquiera la lluvia.
María Luisa Mora Alameda.






